Ya en mi anterior trabajo usaba el tren cada día, teniendo que hacer dos viajes al día de 40 minutos cada uno, la ida y la vuelta. Había dias en los que me tomaba ese tiempo para mí, para leer o simplemente para pensar o desconectar. Otras veces sentía que la pérdida de tiempo en esos trayectos me agotaba más, incluso me hacía ponerme melancólica o triste . O lo peor, que en esos momentos en los que no tienes ganas de nada te toque aguantar a un compañero de vagón (o varios) maleducado, gritón, maloliente (sí), que intente leer tu revista por encima, que sorba los mocos... en fin, de todo variado y más. En una de esas veces en las que no quieres pero no puedes evitar escuchar las conversaciones de los demás se me ocurrió matar el tiempo en esas idas y vueltas al trabajo en tren en eso, en escuchar las conversaciones de los demás. Estuve un tiempo incluso en el que tomaba notas si algo me parecía curioso e interesante, haciendo mi diario de historias de ida y vuelta y posiblemente conv...