Fui la princesa de mi casa; soy la pequeña y la única niña de cuatro hermanos. Pasé muchos fines de semana en una casa rústica pequeña, con muebles de pino y una chimenea de piedra, con un jardín inmenso, un bosque de pinos, un gallinero, conejos, patos, perros y gatos, con vecinos de mi edad y mucho tiempo y espacio para soñar y jugar a ser princesa. Soñaba que mi boda sería en una escalinata de piedra, como aquella en la que jugaba tantas veces, rodeada de muchos árboles y flores, dónde se viera mucho verde . ¡Cuántas veces me puse el vestido de novia de mi madre! El día de mi boda lloré de felicidad al verme subiendo una escalinata de piedra, enganchándome nerviosa el velo y el vestido en ella, andando por una alfombra rodeada de sillas entre los muros y salones de piedra, árboles y plantas al fondo, sola con mi pensamiento, princesa de mis sueños de niña, consciente de que eso era sólo un instante en mi vida y a la vez, triste. Princesa pendiente de nadie. Me pasa que cuando...