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Mostrando las entradas etiquetadas como duelo

Mi hijo invisible

Una maternidad diferente. Hoy, si mi hijo invisible hubiera nacido, cumpliría 2 años. Gracias Mi Pequeño Guisante, por todo el amor que a tu manera trajiste. Por haberme sacudido entera. Por haber sacado de mis entrañas toda mi peor persona hasta estallar por tu pérdida y por el dolor de aquella niña adolescente en duelo que fui y que de alguna manera seguía (y aún a veces) sigo siendo. Porque fueras o no, para mí siempre serás. Por encontrar en la calma tras la tempestad el amor por Sara. Por al vida que se abrió paso. Por soltar las cuerdas de Jorge. Hasta siempre, Mario. Mamá.

Volver a empezar

Es el momento de empezar, de nuevo, mi propia historia. Ahora yo soy un muro frío y a la vez una bomba caliente. Me he convertido en una persona que puede quemarte o herirte, rabiosa y celosa. Con ganas de que me vuelvas a preguntar cómo estoy y ganas de que me dejes en paz. Buscando trabajo también. Intentando encontrar un término medio de actitud, esperanza y ganas. Tengo ganas y necesidad de ciertas cosas pero me siento insegura y dolida. Con ganas de gritar y llorar pero también de conectar con la naturaleza y reencontrarme conmigo misma. Disfrutar con mis hombres. Salir y oler la montaña me traslada a mi infancia. Estoy perdida. “ Un bebé que sólo fue bebé y no le dio tiempo a ser nada más a los ojos de los ignorantes, pero que fue todo lo grande que se puede ser en el corazón de sus papás. (…) El mundo se detiene. Sientes que todo se desvanece y un dolor indescriptible se apodera de ti hasta dejarte sin respiración. A partir de ese instante, ya nada es igual. (…)” Así lo es...

La vida es de repente

¿No has pensado alguna vez que no perteneces a la vida real? ¿No has querido nunca ver la vida más allá del trabajo y del dinero? ¿Seguro? ¿No has metido nunca la pata? Yo sí.  He dicho cosas que no sentía y callado las que sí. Y al revés. ¿Has llorado alguna vez hasta que te ha dolido el pecho y te has quedado sin lágrimas? ¿Hay cosas que no entiendes hasta que no soportas la rabia? Perdóname y perdona. A pesar de que en ocasiones vamos a seguir sintiendo envidia o celos, de que vamos a ser incapaces de alegrarnos a veces por la felicidad de otros, de que vamos a seguir gritando unas cosas y guardándonos otras, quizá inoportunamente. Dos días después de la pérdida: “ Como si no hubiera pasado nada, es como tengo que comportarme para pasar página pero pensar en hacerlo me hiere. Ahora quiero regodearme en mi dolor, en mi misma, en mis entrañas, en cada punzada de mis ovarios. Seguro que pasará el tiempo y estaré, otra vez, en paz conmigo y con los demás. Pero ahora no. Sólo p...